A las orillas del Rhin llegan muchos tesoros, patos, gansos, cormoranes, zancudas de pico plano, gaviotas de cabeza negra, jóvenes con la cabeza cubierta, conducidas en rebaño por un familiar adolescente --eso sí, varón--, restos de fiestas o de hogueras, plásticos de colores chillones caídos quizá de alguna de las largas barcazas que continuamente viajan río arriba --con dificultad--, o río abajo --mucho más ligeras. En las orillas del Rhin se han formado playas que amansan la corriente y dan sosiego al paseante, o al perro que se acerca a espantar a la despistada gaviota. Las niñas con el velo cubriendo sus hermosos y largos cabellos se dan empujoncitos mientras ríen, como antaño las ondinas --cuando había meandros e islotes que hacían menos peligroso el baño en estas aguas.
Por las aguas del Rhin bajaba el oro de las rocosas montañas del sur. Los gigantes de Escandinavia ascendían su fluir desde los bajíos donde se confundía con el mar. Se enamoraban de las niñas que jugaban en los bosquecillos de sus curvas escondidas, entre los fresnos, entre las hojas afiladas y planas de los cañaverales. Los gigantes rubios raptaban aquellas sirenas y pedían por su rescate el oro que dormía posado en la arena del fondo
noticias sobre el estado del terreno --paisaje y paisanaje-- en el alfoz(carretera de Soria sobre todo)
sábado, 18 de julio de 2020
martes, 14 de julio de 2020
Blue Goat 12
Con imperturbable parsimonia, la lluvia cae pausada y tenaz. En esa forma de llover que cala y deja empapados los terrenos. Por algo no quise ir a regar esta mañana, aunque la jornada se prometía caliente y despejada. Tenía inspiración y deberes acumulados: los paisajes de las calles ahora percibidos en línea clara o con leves sombreados, los collages de la vegetalidad que me rodea, los retratos de unos niños (que he prometido ejecutar a la acuarela), unos cartones que llevan ya esperando unos días a ser reintervenidos.
Compré un poco de material por el gusto hacerlo, unos pasteles, dos barritas Conté y un grafito que se disuelve bien en agua empastando líneas o sombreando nubarrones. Me negué a comprar papel, era ridículamente caro. En cualquier caso dejé este asunto para el azar que ha cumplido con creces. H. me dio una linda colección de hojas de colores planos y otras con diseños luminosos. En la calle se encuentran cartones de todos los tamaños --es este uno de mis materiales favoritos por su versatilidad. Así que esta mañana, según se iba nublando y la radio intercalaba canciones con las ya habituales noticias sobre el virus, ataque al denso material marrón de las planchas de papel acartonado
Compré un poco de material por el gusto hacerlo, unos pasteles, dos barritas Conté y un grafito que se disuelve bien en agua empastando líneas o sombreando nubarrones. Me negué a comprar papel, era ridículamente caro. En cualquier caso dejé este asunto para el azar que ha cumplido con creces. H. me dio una linda colección de hojas de colores planos y otras con diseños luminosos. En la calle se encuentran cartones de todos los tamaños --es este uno de mis materiales favoritos por su versatilidad. Así que esta mañana, según se iba nublando y la radio intercalaba canciones con las ya habituales noticias sobre el virus, ataque al denso material marrón de las planchas de papel acartonado
domingo, 12 de julio de 2020
Blue Goat 11
Llevamos tiempo manejando piedras como herramientas, de hecho nuestros primos cercanos en la filogenia también las utilizan. Por lo que cabe deducir que este asunto del darle a la piedra, común con chimpancés y otros primates, viene de muy largo, de antes de que nuestras ramas se separaran --y no me refiero a las de los árboles. O sea , cabría hablar de al menos unos seis millones de años. Seguramente la mitad de ese tiempo usáramos la piedra tal cual o como mucho escogiendo la que tuviera la forma adecuada para la realización de nuestros propósitos. Claro que a base de darle golpes, para, por ejemplo, chascar nueces, observáramos que de allí salían esquirlas de diferentes tamaños, y que estas, a menudo, presentaban bordes afilados con los que, seguro, más de una vez nos heriríamos los dedos. Sí cortaba nuestra piel, también podía cortar la del vecino, o las espigas de cereal primitivo, o los mimbres con los que conseguíamos termitas.
Así, se fueron probando utilidades, coleccionando buenas piedras y advirtiendo que, pasado un tiempo, perdían su filo. ¿Cuanto tiempo tardaría la hominida en fabricar el filo por si misma, sin esperar a que el azar se lo suministrara? A lo mejor, ¿dos millones de años?
Empezó chascando un lado del canto rodado que abundaba en el río; quizá en medio millón de años más, fuera capaz de esculpir bifaces, cada vez más sofisticados y de mayor tamaño y al fin se animo a pulir aquellas joyitas. A hacerles agujeros... ¡cuidado!, estaba a punto de descubrir la rueda.
Blue Goat me llevó hasta Externsteine, allí, en uno de sus bosques encontré un bifaz --de hace unos doce mil años-- aún presentaba algo de filo en sus bordes cuidadosamente tallados, envuelto por un resto carbónico quemado por el fuego, quizá de una batalla o de una barbacoa
Así, se fueron probando utilidades, coleccionando buenas piedras y advirtiendo que, pasado un tiempo, perdían su filo. ¿Cuanto tiempo tardaría la hominida en fabricar el filo por si misma, sin esperar a que el azar se lo suministrara? A lo mejor, ¿dos millones de años?
Empezó chascando un lado del canto rodado que abundaba en el río; quizá en medio millón de años más, fuera capaz de esculpir bifaces, cada vez más sofisticados y de mayor tamaño y al fin se animo a pulir aquellas joyitas. A hacerles agujeros... ¡cuidado!, estaba a punto de descubrir la rueda.
Blue Goat me llevó hasta Externsteine, allí, en uno de sus bosques encontré un bifaz --de hace unos doce mil años-- aún presentaba algo de filo en sus bordes cuidadosamente tallados, envuelto por un resto carbónico quemado por el fuego, quizá de una batalla o de una barbacoa
viernes, 10 de julio de 2020
Blue Goat 10
Los tomates crecen y se expanden, hay que construir un armazón que les de soporte. De hecho, ya tienen una colección de palos, unos verticales, otros atravesados que han ido dando apoyo a las primeras ramas. Aunque hacían falta muchos más debido a la ferocidad de las distintas plantas; unos, tomates tigre; otros, corazones de vaca; otros, tomates amarillos; y por último también se plantó tomate grosella. Andan ahora todos revueltos en una selva casi impenetrable. Por eso me puse muy contenta cuando descubrí fuertes juncos de bambú próximos al río, serían la solución para el andamiaje necesario que soportara toda esa tomatada.
Me fui con un serrucho esta mañana, no hay otra manera de cortar la dura caña. Elegí los que me parecieron de calibre y longitud adecuados, con todo hice un atillo aprovechando los pulpos que llevo siempre en el coche. Luego, por la tarde, mientras las bandadas de gansos tomaban el sol en los bajíos, seguí construyendo de forma anárquica y según van pidiendo las distintas ramas y su carga, un mecano babélico enredado en las flores que compiten con las distintas plantas de la solanácea
Me fui con un serrucho esta mañana, no hay otra manera de cortar la dura caña. Elegí los que me parecieron de calibre y longitud adecuados, con todo hice un atillo aprovechando los pulpos que llevo siempre en el coche. Luego, por la tarde, mientras las bandadas de gansos tomaban el sol en los bajíos, seguí construyendo de forma anárquica y según van pidiendo las distintas ramas y su carga, un mecano babélico enredado en las flores que compiten con las distintas plantas de la solanácea
jueves, 9 de julio de 2020
Blue Goat 9
Está siendo el verano más extraño de la historia, por lo menos de mi historia. Temperaturas infernales por debajo del paralelo cuarenta y nueve, invernales por encima, o por lo menos, muy húmedas, con descarga continua de los cúmulos tormentosos (esto evita tener que ir todos los días a regar el huerto) que a la par evitan que el sol caliente, lo cual es una bendición. Los bosques también se benefician, que llevaban ya dos años pasándolo fatal y con grave riesgo de ser devorados por los incendios que se ceban en otros lugares.
Aún sin sol, los tomates medran --¿quién lo iba a decir?--, en estas costas del caudaloso río Rin. Patricia apunta, mejor que el sol continúe oculto, porque si no, en dos días, tendríamos toda la cosecha. Por esto, nos apresuramos en guardar y limpiar frascos, para poder hacer conserva de tomate que dure hasta el invierno. Yo prefiero preparar gazpacho, ligero, nutritivo, refrescante. Importando nuevos hábitos en la cocina de los alemanes
Aún sin sol, los tomates medran --¿quién lo iba a decir?--, en estas costas del caudaloso río Rin. Patricia apunta, mejor que el sol continúe oculto, porque si no, en dos días, tendríamos toda la cosecha. Por esto, nos apresuramos en guardar y limpiar frascos, para poder hacer conserva de tomate que dure hasta el invierno. Yo prefiero preparar gazpacho, ligero, nutritivo, refrescante. Importando nuevos hábitos en la cocina de los alemanes
lunes, 6 de julio de 2020
Blue Goat 8
- ¿Ha visto alguna vez el mar, Luisa?, -No, aunque, ¡ he visto el Duero!
Sonrio. El Duero como frontera, como límite de la geografía en la vida de esta mujer que viste de negro y arrima las ascuas al puchero donde se va haciendo, durante horas, el guiso de garbanzos. Yo he llegado más allá, hasta el mismísimo Rin, Rhine en alemán. Donde pastan ovejas, que no son las merinas de Castilla ya que da la impresión que la lana de estas fuera más basta y difícil de hilar.
Es una buena idea que estos rebaños anden por estas playas pedregosas y en sus lindes, además de cortar el césped, apretujan la tierra con sus pezuñitas para que la corriente no se la lleve en las riadas. Alex, mi perro, no puede resistirlo y las ladra desde el otro lado de la valla. Mientras, las aguas brillan verdosas y arremolinadas, embravecidas por aluviones de tormenta. Julio descarga los generosos cúmulos en cortinas sucesivas de lluvia que casi se diría tropical
Sonrio. El Duero como frontera, como límite de la geografía en la vida de esta mujer que viste de negro y arrima las ascuas al puchero donde se va haciendo, durante horas, el guiso de garbanzos. Yo he llegado más allá, hasta el mismísimo Rin, Rhine en alemán. Donde pastan ovejas, que no son las merinas de Castilla ya que da la impresión que la lana de estas fuera más basta y difícil de hilar.
Es una buena idea que estos rebaños anden por estas playas pedregosas y en sus lindes, además de cortar el césped, apretujan la tierra con sus pezuñitas para que la corriente no se la lleve en las riadas. Alex, mi perro, no puede resistirlo y las ladra desde el otro lado de la valla. Mientras, las aguas brillan verdosas y arremolinadas, embravecidas por aluviones de tormenta. Julio descarga los generosos cúmulos en cortinas sucesivas de lluvia que casi se diría tropical
sábado, 4 de julio de 2020
Blue Goat 7
¿Para qué quieres un coche que te ha costado una millonada sí no puedes correr? ¿Qué más da que los postes de la carretera te digan que no puedes ir a más de ochenta? o ¿que las señales luminosas se empeñen en informar que el límite de la velocidad son cien quilómetros a la hora? (señales dispuestas en cuatro paneles paralelos --como un homenaje a Andy Warhol-- imposible no verlas y leer su mensaje) ¿Para qué?
Entonces es cuando el del Range Rover negro, de casi tres metros de altura --y no es un autobús-- pisa, por fuerza te adelanta para volver a cruzarse , te obliga a forzar la frenada que tú habías calculado más suave porque a escasos metros se encontraba colorada la luz del semáforo ¿Para qué? Sigues sin entenderlo cuando te das cuenta que más tarde le has adelantado porque él quería girar a la izquierda y en ese carril el azar ha dispuesto una larga fila de vehículos. Decides decirle adiós con la mano cuando pasas porque con todo ese diálogo de paraqués hasta le has cogido algo de cariño
Entonces es cuando el del Range Rover negro, de casi tres metros de altura --y no es un autobús-- pisa, por fuerza te adelanta para volver a cruzarse , te obliga a forzar la frenada que tú habías calculado más suave porque a escasos metros se encontraba colorada la luz del semáforo ¿Para qué? Sigues sin entenderlo cuando te das cuenta que más tarde le has adelantado porque él quería girar a la izquierda y en ese carril el azar ha dispuesto una larga fila de vehículos. Decides decirle adiós con la mano cuando pasas porque con todo ese diálogo de paraqués hasta le has cogido algo de cariño
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